Gracias por tocarme el corazón, de una forma tan inesperada, esta noche.
Eres escurridiza como el rayo de sol en el bosque, te intento atrapar pero te escapas; no eres de nadie, sólo tuya.
Afortunados somos los que gozamos de tu compañía, tu escucha, tu palabra y tu atención.
El desinterés consumado en tu persona, María, qué nombre tan dulce, dulce como la rica magdalena que me trajiste.
¡Ójala sepa estar ahí, a tu lado, siempre que lo necesites!