domingo, 12 de diciembre de 2010

María

Gracias por tocarme el corazón, de una forma tan inesperada, esta noche.

Eres escurridiza como el rayo de sol en el bosque, te intento atrapar pero te escapas; no eres de nadie, sólo tuya.

Afortunados somos los que gozamos de tu compañía, tu escucha, tu palabra y tu atención.

El desinterés consumado en tu persona, María, qué nombre tan dulce, dulce como la rica magdalena que me trajiste.

¡Ójala sepa estar ahí, a tu lado, siempre que lo necesites!